Sí, ese picoteo nocturno probablemente esté dañando tu intestino
El estrés y las comidas nocturnas pueden provocar problemas para ir al baño
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Es bien sabido que el estrés crónico puede alterar la función intestinal, haciendo que las personas corran al baño o sufran estreñimiento. Una nueva investigación presentada en la Digestive Disease Week® (DDW) 2026 sugiere que comer tarde por la noche amplifica estos efectos, con implicaciones tanto para la salud digestiva como para el microbioma intestinal.
"No se trata solo de lo que se come, sino de cuándo se come", afirma la doctora Harika Dadigiri, médico residente del New York Medical College del Saint Mary's and Saint Clare's Hospital y autora principal del estudio. "Y cuando ya estamos estresados, ese momento puede suponer un 'doble golpe' para la salud intestinal".
Los investigadores analizaron los datos de más de 11.000 participantes en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (National Health and Nutrition Examination Survey) para examinar la relación entre el estrés crónico, las comidas nocturnas y la disfunción intestinal. Los individuos con una puntuación elevada de carga alostática -el estrés fisiológico acumulado reflejado en el índice de masa corporal (IMC), el nivel de colesterol y la presión arterial- que también declararon haber ingerido más del 25% de las calorías diarias después de las 9 de la noche tenían 1,7 veces más probabilidades de sufrir estreñimiento y diarrea que los que tenían puntuaciones más bajas y no comían a altas horas de la noche.
Del mismo modo, los datos de más de 4.000 participantes en el American Gut Project revelaron que las personas con altos niveles de estrés y hábitos alimentarios nocturnos tenían 2,5 veces más probabilidades de sufrir problemas intestinales. Estas personas presentaban una diversidad del microbioma intestinal significativamente menor, lo que sugiere que el horario de las comidas podría magnificar el impacto del estrés en el microbioma a través del eje intestino-cerebro, el sistema de comunicación bidireccional entre nervios, hormonas y bacterias intestinales.
El estudio fue observacional, por lo que los resultados ponen de relieve asociaciones más que causas y efectos. Es necesario seguir investigando para comprender mejor cómo se relacionan el estrés, los patrones alimentarios y la salud intestinal. Aun así, los resultados subrayan la creciente concienciación sobre la crononutrición: cómo influye el ritmo circadiano del cuerpo en la forma en que procesa los alimentos.
La Dra. Dadigiri es comprensiva con quienes buscan tentempiés a altas horas de la noche después de jornadas largas y exigentes, y como residente de medicina, se cuenta entre ellos.
"No soy la policía del helado", dice la Dra. Dadigiri. Todo el mundo debería comerse un helado, preferiblemente a primera hora del día". Los hábitos pequeños y constantes, como mantener una rutina de comidas estructurada, pueden ayudar a promover patrones de alimentación más regulares y favorecer la función digestiva a lo largo del tiempo."
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